Tema 1. Producción y transformación de las distintas formas de energía
Índice
- Introducción
- Energía, potencia y unidades: el lenguaje del tema
- Los dos principios de la termodinámica y la exergía
- El límite de Carnot y las máquinas térmicas
- La cadena energética y el balance de energía primaria
- Centrales térmicas de vapor: el ciclo de Rankine
- Turbinas de gas, ciclo de Brayton y ciclos combinados
- Cogeneración y aprovechamiento del calor residual
- La energía nuclear: fisión y fusión
- El aprovechamiento hidráulico y el bombeo reversible
- La conversión eólica y el límite de Betz
- La conversión solar: fotovoltaica y termosolar
- Biomasa, geotermia y energía marina
- Almacenamiento y el hidrógeno como vector energético
- Rendimiento global, ciclo de vida y mix eléctrico
- Aplicación didáctica y relación con el currículo
- Conclusión
- Bibliografía y referencias
1. Introducción
Pocas magnitudes vertebran tan completamente la física, la técnica y la vida cotidiana como la energía. Toda actividad humana —alumbrar un aula, propulsar un buque, sostener un centro de datos— consiste, en el fondo, en disponer de energía y transformarla de una forma en otra para obtener trabajo útil. Para el profesorado de Tecnología este es uno de los cimientos de la materia: comprender qué es la energía, cómo se transforma y con qué rendimiento es la condición previa para abordar su transporte, su consumo y su uso racional.
Conviene precisar de entrada una idea que el lenguaje cotidiano oscurece, y que además es la preconcepción más tenaz del alumnado. En rigor, la energía no se produce ni se crea: el primer principio de la termodinámica establece que se conserva. Lo que las centrales hacen es transformar energía ya existente almacenada en la naturaleza —en los enlaces químicos de un combustible, en el núcleo de un átomo, en el desnivel de una masa de agua, en el viento o en la radiación solar— en formas más manejables, sobre todo energía eléctrica, el vector por excelencia de la sociedad contemporánea por su facilidad de transporte, control y conversión final. La expresión «producción de energía» alude a esa transformación dirigida y aprovechable, y se mantiene por su uso normalizado en la literatura técnica y en la estadística oficial, donde suele hablarse de «generación».
El tema se articula en torno a una doble tensión que conviene explicitar desde el principio. Por un lado, la física impone límites infranqueables: el segundo principio establece que ninguna transformación es perfecta, que toda conversión degrada parte de la energía en calor a baja temperatura y que el rendimiento de las máquinas térmicas tiene un techo teórico —el rendimiento de Carnot, formulado por Sadi Carnot en sus Réflexions sur la puissance motrice du feu (1824)— imposible de superar. Por otro, la técnica avanza sin descanso para acercarse a esos límites y para diversificar las fuentes, con la urgencia añadida de la transición energética hacia un modelo descarbonizado que marcan el Acuerdo de París (2015), el Pacto Verde Europeo y la planificación energética española a 2030.
La estructura no es arbitraria: primero se establecen los dos principios y el rendimiento de Carnot, leyes universales que gobiernan cualquier conversión; después se aplican al recorrido por las tecnologías de generación, de las térmicas convencionales a las renovables variables; y por último se cierra con los retos sistémicos —almacenamiento, hidrógeno, ciclo de vida— y con el mix eléctrico real. El rigor físico atemporal se combina en todo momento con la perspectiva tecnológica actual: ciclos combinados de alto rendimiento, aerogeneradores marinos de 15 MW, células tándem de perovskita, reactores modulares e hidrógeno verde.
2. Energía, potencia y unidades: el lenguaje del tema
La energía se define clásicamente como la capacidad de un sistema para realizar trabajo o transferir calor. Es una magnitud escalar y su unidad en el Sistema Internacional es el julio (J). En el ámbito energético se emplean además múltiplos y unidades prácticas: el kilovatio hora (1\ \mathrm{kWh} = 3{,}6\ \mathrm{MJ}), unidad de la factura eléctrica; la tonelada equivalente de petróleo (1\ \mathrm{tep} \approx 41{,}87\ \mathrm{GJ}) y sus múltiplos, propios de los balances nacionales; el termio y el British Thermal Unit en el comercio de gas; y la caloría (1\ \mathrm{cal} \approx 4{,}186\ \mathrm{J}) en termotecnia y nutrición.
Un ejemplo traduce el vocabulario: una vivienda que consume 3.500\ \mathrm{kWh} al año gasta 3.500 \times 3{,}6\ \mathrm{MJ} = 12{,}6\ \mathrm{GJ}, es decir, unas 0{,}30\ \mathrm{tep}. Esa conversión a una base común es justo lo que se pide en una auditoría energética, y es una tarea de aula excelente porque obliga a manejar factores de conversión con sentido físico y no como recetas.
La potencia mide la rapidez con que se transfiere o transforma la energía y se expresa en vatios (1\ \mathrm{W} = 1\ \mathrm{J/s}). Confundir energía con potencia es el segundo error conceptual más frecuente del alumnado, y merece atención explícita: el kilovatio mide lo que un aparato pide en cada instante; el kilovatio hora, lo que ha consumido a lo largo del tiempo. Formalmente la energía es la integral de la potencia, E = \int P\,\mathrm{d}t, y a potencia constante se reduce a E = P \cdot t. Así, una central de 1.000\ \mathrm{MW} que funcione 8.000 horas al año genera
E = P \cdot t = 1.000\ \mathrm{MW} \times 8.000\ \mathrm{h} = 8{,}0\ \mathrm{TWh}.El cociente entre la energía realmente generada y la que se generaría a plena potencia durante las 8.760 horas del año es el factor de capacidad:
F_c = \frac{E_{\mathrm{gen}}}{P_{\mathrm{nom}} \cdot 8.760\ \mathrm{h}}.Es un indicador que distingue tecnologías: ronda el 85-90 % en la nuclear, el 50-55 % en la eólica marina, el 25-35 % en la eólica terrestre y el 15-25 % en la fotovoltaica peninsular. En el ejemplo anterior, F_c \approx 0{,}91, propio de una central de base. Este dato explica por qué un país puede tener más potencia fotovoltaica instalada que nuclear y generar con ella menos energía, una paradoja aparente que funciona muy bien en clase para consolidar la distinción entre potencia y energía.
La energía se manifiesta en formas diversas. La mecánica engloba la cinética, E_c = \tfrac{1}{2}mv^2, y la potencial, gravitatoria E_p = mgh o elástica E_p = \tfrac{1}{2}kx^2. La térmica es la energía interna de la agitación desordenada de las partículas, vinculada a la temperatura. La química reside en los enlaces entre átomos y se libera o absorbe en las reacciones: así almacenan energía los combustibles, la biomasa y los alimentos. La eléctrica se asocia al movimiento ordenado de cargas y a los campos electromagnéticos. La radiante viaja en forma de ondas, como la radiación solar, cuya constante solar fuera de la atmósfera vale unos 1.361\ \mathrm{W/m^2}. La nuclear reside en las fuerzas que mantienen unido el núcleo y se libera en la fisión y en la fusión, según la equivalencia E = mc^2.
Lo relevante es que las máquinas son conversores entre estas formas: una turbina convierte energía cinética de un fluido en energía mecánica rotatoria; un alternador, energía mecánica en eléctrica con rendimientos superiores al 98 %; una célula fotovoltaica, energía radiante en eléctrica; una caldera, energía química en térmica. Todo el sistema energético puede leerse como una red de conversores encadenados. Conviene subrayar ya una asimetría que anticipa el segundo principio: las conversiones entre formas ordenadas (mecánica a eléctrica y viceversa) alcanzan rendimientos cercanos a la unidad, mientras que las que parten del calor —forma desordenada— están penalizadas de raíz. Esa jerarquía de calidades da sentido a todo lo que sigue.
3. Los dos principios de la termodinámica y la exergía
El primer principio es el de conservación: la energía de un sistema aislado permanece constante; ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Para un sistema cerrado se escribe
\Delta U = Q - W,donde \Delta U es la variación de energía interna, Q el calor aportado y W el trabajo realizado por el sistema. Su formulación cuantitativa se debe a los trabajos de James Prescott Joule sobre el equivalente mecánico del calor, junto con Julius von Mayer y Hermann von Helmholtz, hacia 1840-1847. La consecuencia práctica es demoledora y conviene enunciarla en clase con esa contundencia: es imposible el móvil perpetuo de primera especie, esa máquina que entregaría trabajo sin consumir nada. Toda propuesta de «energía gratis» que circula por redes sociales choca contra esta pared, y desmontarla con un balance de energía es un magnífico ejercicio de pensamiento crítico y de alfabetización científica.
Un matiz de gran altura conceptual, y muy valorado cuando se expone bien: la conservación de la energía no es un accidente empírico. En 1918 la matemática Emmy Noether demostró que a cada simetría continua de las leyes físicas le corresponde una magnitud conservada, y que la conservación de la energía se sigue precisamente de que esas leyes no cambien con el paso del tiempo. Es uno de los resultados más profundos de la física del siglo XX y explica por qué el primer principio es tan universal.
El primer principio, sin embargo, no distingue direcciones: permitiría que una taza de café se calentase enfriando el aire de la habitación. Esa asimetría la introduce el segundo principio, formulado hacia 1850 por Rudolf Clausius y William Thomson (lord Kelvin). En el enunciado de Kelvin-Planck, ningún dispositivo cíclico puede convertir íntegramente en trabajo el calor tomado de un único foco; en el de Clausius, el calor no fluye espontáneamente de un cuerpo frío a uno caliente. Ambos se resumen en la magnitud entropía, que para un proceso reversible varía según \mathrm{d}S = \delta Q / T y que en el universo nunca disminuye:
\Delta S_{\mathrm{universo}} \geq 0.La lectura tecnológica es que la energía se conserva en cantidad pero se degrada en calidad. Un kilovatio hora de electricidad puede convertirse casi íntegramente en trabajo, mientras que un kilovatio hora de calor a 40\ ^{\circ}\mathrm{C} apenas sirve para nada más que templar agua. Por eso decir que la energía «se gasta» es impreciso: no se gasta, se degrada. Corregir esta idea —hablar de degradación en lugar de desaparición— es uno de los aprendizajes conceptuales más valiosos que puede llevarse el alumnado de la etapa, y conecta directamente con los saberes básicos sobre transformaciones energéticas y uso responsable de los recursos.
La magnitud que cuantifica esa calidad es la exergía: el trabajo máximo que puede extraerse de un flujo de energía hasta equilibrarlo con el ambiente. Para un calor Q disponible a temperatura T con un ambiente a T_0,
B = Q\left(1 - \frac{T_0}{T}\right).La exergía de la electricidad coincide con su energía; la de un calor a baja temperatura es casi nula. De ahí una regla de diseño que atraviesa toda la ingeniería energética y que el análisis exergético de Adrian Bejan sistematiza: no degradar energía de alta calidad en usos que admiten calidad baja. Calentar agua sanitaria con una resistencia eléctrica es correcto según el primer principio y un despilfarro según el segundo, porque destruye exergía que podría haber movido un motor; una bomba de calor o un captador solar térmico hacen ese mismo servicio con una fracción del recurso. Esta idea es también la puerta natural al objetivo de desarrollo sostenible 7, sobre energía asequible y no contaminante: la eficiencia no es solo ahorro económico, es no destruir calidad energética.
4. El límite de Carnot y las máquinas térmicas
Una máquina térmica es un dispositivo cíclico que toma calor Q_c de un foco caliente a temperatura T_c, entrega trabajo W y cede necesariamente un calor residual Q_f a un foco frío a T_f. Su rendimiento es
\eta = \frac{W}{Q_c} = 1 - \frac{Q_f}{Q_c}.El segundo principio impone que Q_f no puede anularse, y Carnot demostró que existe un techo que depende solo de las temperaturas de los focos:
\eta_{\max} = 1 - \frac{T_f}{T_c},con las temperaturas expresadas en kelvin. Es un resultado extraordinario: fija el máximo alcanzable sin conocer nada del fluido de trabajo ni de la tecnología empleada.
Figura 1. Máquina térmica y rendimiento de Carnot: focos caliente y frío, calores intercambiados y trabajo útil.
Un ejemplo paso a paso. Una central de vapor trabaja con vapor a 540\ ^{\circ}\mathrm{C} y condensa a 30\ ^{\circ}\mathrm{C}; en kelvin, T_c = 813\ \mathrm{K} y T_f = 303\ \mathrm{K}:
\eta_{\max} = 1 - \frac{303\ \mathrm{K}}{813\ \mathrm{K}} = 0{,}627.El techo teórico es del 62,7 %. Las irreversibilidades reales —rozamientos, transferencias de calor con salto finito de temperatura, pérdidas de carga— rebajan el rendimiento efectivo al 40-45 %. Que un opositor sepa deducir ese número, y explicar la distancia entre el techo y el valor real, vale más que enumerar diez tecnologías.
De la fórmula se extraen tres lecciones de ingeniería. Primera: conviene la mayor temperatura posible en el foco caliente, lo que empuja la investigación en materiales y en álabes refrigerados. Segunda: conviene la menor temperatura posible en el foco frío, de ahí que las centrales busquen agua de río o de mar y torres de refrigeración. Tercera: el calor residual no es un fallo de diseño ni una chapuza, es una obligación física, y por eso la vía inteligente no es eliminarlo sino aprovecharlo, como se verá en la cogeneración. Merece la pena insistir en clase en este punto, porque el alumnado tiende a interpretar el rendimiento bajo de una central térmica como una deficiencia técnica corregible.
Un error habitual y muy penalizado consiste en operar con grados Celsius en la fórmula de Carnot. Conviene automatizar el paso a kelvin y contrastar el resultado con el orden de magnitud esperado: un rendimiento superior al 70 % en una máquina térmica real delata casi siempre un error de unidades.
La lectura inversa del ciclo tiene enorme importancia práctica. Una máquina térmica funcionando al revés consume trabajo para trasegar calor del foco frío al caliente: es la máquina frigorífica y, en su uso para calefacción, la bomba de calor. Su indicador no es el rendimiento sino el coeficiente de desempeño, que en el límite ideal vale
\mathrm{COP} = \frac{T_c}{T_c - T_f}.Una bomba de calor que caliente una vivienda a T_c = 293\ \mathrm{K} tomando calor del exterior a T_f = 278\ \mathrm{K} tiene un COP ideal cercano a 19 y valores reales de 3 a 5. Es decir, entrega tres o cuatro veces más calor que la electricidad que consume, sin violar el primer principio: no crea energía, la transporta. Es uno de los ejemplos más eficaces para mostrar que la eficiencia energética es una tecnología en sí misma, y no un simple gesto de moderación en el consumo.
5. La cadena energética y el balance de energía primaria
Conviene distinguir tres eslabones. La energía primaria es la que se encuentra en la naturaleza antes de cualquier transformación: carbón, gas natural, petróleo, uranio, radiación solar, viento, agua embalsada, biomasa. La energía secundaria o final es la que llega al punto de consumo tras las conversiones y el transporte: electricidad, gasóleo, gas canalizado. La energía útil es la que efectivamente realiza el servicio deseado: luz, movimiento, calor de confort, cómputo.
Figura 2. Cadena energética: de la energía primaria a la útil, con pérdidas crecientes en cada conversión.
En cada eslabón hay pérdidas, de modo que la energía útil es siempre una fracción menor de la primaria. El rendimiento global de una cadena es el producto de los rendimientos parciales:
\eta_{\mathrm{total}} = \eta_1 \times \eta_2 \times \cdots \times \eta_n.Un cálculo clásico lo ilustra con crudeza. Con una central térmica de \eta \approx 0{,}40, una red de transporte y distribución de \eta \approx 0{,}92 y una lámpara incandescente de \eta \approx 0{,}05, el rendimiento total es 0{,}40 \times 0{,}92 \times 0{,}05 \approx 0{,}018: menos del 2 % de la energía del combustible acaba convertida en luz. Sustituir esa lámpara por un LED de rendimiento cercano al 40 % multiplica por ocho el resultado final sin tocar la central, lo que explica por qué la actuación sobre el consumo final es la palanca más barata de la política energética. La regla del producto tiene además una consecuencia didáctica muy poderosa: el eslabón más débil manda, y mejorarlo rinde más que optimizar los demás.
Analizar la cadena energética de un servicio cotidiano —la ducha caliente, el trayecto al centro, la hora de videojuego— permite al alumnado situar su consumo en la escala del sistema y cuantificar el impacto de decisiones concretas: es el tipo de tarea competencial que sostiene una buena situación de aprendizaje sobre uso responsable de los recursos.
6. Centrales térmicas de vapor: el ciclo de Rankine
La central térmica convencional quema un combustible en una caldera para vaporizar agua, expande ese vapor en una turbina y arrastra un alternador. El ciclo termodinámico de referencia es el ciclo de Rankine, que consta de cuatro etapas: compresión del agua líquida mediante bomba, aportación de calor en la caldera hasta obtener vapor sobrecalentado, expansión en la turbina con producción de trabajo y condensación del vapor de escape cediendo el calor residual al foco frío.
Figura 3. Central térmica de vapor (ciclo de Rankine): caldera, turbina, alternador y condensador en circuito cerrado.
El rendimiento de una central subcrítica moderna ronda el 38-40 %. Las plantas supercríticas y ultrasupercríticas elevan la presión por encima del punto crítico del agua (22{,}1\ \mathrm{MPa} y 374\ ^{\circ}\mathrm{C}) y trabajan con temperaturas de vapor de 600 a 620\ ^{\circ}\mathrm{C}, alcanzando el 45-47 %. Dos mejoras adicionales son sistemáticas: el recalentamiento intermedio, que devuelve el vapor a la caldera tras una expansión parcial, y la regeneración, que precalienta el agua de alimentación con vapor extraído de la turbina. Ambas actúan sobre el mismo principio: elevar la temperatura media a la que se aporta el calor, es decir, acercarse a Carnot.
Desde el punto de vista ambiental, las centrales de carbón son las de mayor impacto: emiten en torno a 820\ \mathrm{g} de \mathrm{CO_2} equivalente por kilovatio hora en su ciclo de vida, además de óxidos de azufre y de nitrógeno, partículas y cenizas. Su desmantelamiento en Europa ha sido el capítulo más visible de la descarbonización eléctrica de la última década. Las centrales de fuelóleo han seguido el mismo camino y solo conservan un papel residual en sistemas insulares.
Conviene retener un matiz que a menudo se pasa por alto: el esquema caldera-turbina-alternador-condensador es un arquetipo que reaparece, con la caldera sustituida por otra fuente de calor, en las centrales nucleares, en las termosolares de concentración, en las de biomasa y en las geotérmicas de alta entalpía. Dominar bien el ciclo de Rankine equivale, por tanto, a dominar la mitad del tema. En el aula funciona muy bien pedir que el alumnado dibuje el esquema de bloques y después identifique qué cambia en cada tecnología: es una tarea de transferencia sencilla de evaluar con una rúbrica y que revela de inmediato si el modelo mental está bien construido.
7. Turbinas de gas, ciclo de Brayton y ciclos combinados
En una turbina de gas el fluido de trabajo son los propios gases de combustión. El ciclo de referencia es el de Brayton: el compresor eleva la presión del aire, la cámara de combustión inyecta y quema el combustible (habitualmente gas natural) y la turbina expande los gases calientes, moviendo el compresor y el alternador. Es una máquina compacta, de arranque rápido —del orden de minutos— y con rendimientos del 35-40 % en ciclo simple. Su gran inconveniente es que los gases de escape salen todavía a unos 600\ ^{\circ}\mathrm{C}: una enorme cantidad de calor de alta calidad tirada a la atmósfera.
La solución es el ciclo combinado, la respuesta de ingeniería más elegante que ofrece este tema al segundo principio. Los gases de escape del ciclo Brayton alimentan una caldera de recuperación de calor que genera vapor para un ciclo de Rankine acoplado. Se encadenan así dos máquinas térmicas, la primera trabajando entre temperaturas muy altas y la segunda aprovechando su calor residual, con lo que el rendimiento global supera el 60 % y alcanza el 63-64 % en las unidades más avanzadas. Es el valor más alto de toda la generación termoeléctrica.
Figura 4. Ciclo combinado: turbina de gas (Brayton) encadenada con turbina de vapor (Rankine) mediante la caldera de recuperación.
El rendimiento del conjunto no es la suma de los parciales sino que responde a
\eta_{\mathrm{CC}} = \eta_{\mathrm{B}} + \eta_{\mathrm{R}}\,(1 - \eta_{\mathrm{B}}),expresión que dice justamente lo que se ve en el esquema: el ciclo de vapor trabaja sobre la energía que el de gas no aprovechó. Con \eta_{\mathrm{B}} = 0{,}40 y \eta_{\mathrm{R}} = 0{,}35 resulta \eta_{\mathrm{CC}} = 0{,}40 + 0{,}35 \times 0{,}60 = 0{,}61. Es un cálculo breve, muy visual, y una excelente oportunidad para mostrar al alumnado que combinar procesos no es sumar números sino encadenar aprovechamientos.
En el sistema eléctrico actual los ciclos combinados desempeñan además un papel que va más allá del rendimiento: son la tecnología de respaldo flexible que sigue la demanda y cubre la variabilidad de las renovables, con rampas de carga rápidas y funcionamiento a carga parcial. Emiten unos 490\ \mathrm{g} de \mathrm{CO_2} equivalente por kilovatio hora, aproximadamente la mitad que el carbón, pero siguen siendo generación fósil; su horizonte a largo plazo pasa por la sustitución progresiva del gas natural por hidrógeno o biometano, para lo que ya se diseñan turbinas capaces de quemar mezclas con contenidos crecientes de hidrógeno.
8. Cogeneración y aprovechamiento del calor residual
Si el calor residual es inevitable, la vía inteligente no es reducirlo a cero sino darle uso. La cogeneración —o producción combinada de calor y electricidad— genera electricidad y aprovecha simultáneamente el calor de los gases de escape y de los circuitos de refrigeración para procesos industriales, agua caliente sanitaria o calefacción. Mientras una central convencional aprovecha el 40 % de la energía primaria y disipa el resto, una instalación de cogeneración bien dimensionada alcanza rendimientos globales del 80-90 %.
La clave del buen diseño es que exista una demanda de calor real y sostenida próxima a la generación, porque el calor se transporta mal y a corta distancia. Por eso la cogeneración triunfa en la industria papelera, química, cerámica, alimentaria y textil, en hospitales, en grandes hoteles y en redes urbanas de calor. La trigeneración añade una máquina de absorción que produce frío a partir del calor recuperado, muy apropiada en climas cálidos y en instalaciones con demanda de climatización todo el año, como los centros de datos. La microcogeneración, con motores o pilas de combustible de pocos kilovatios, lleva el concepto a la escala del edificio.
El indicador específico de estas instalaciones es el rendimiento eléctrico equivalente, que compara la electricidad producida con el combustible atribuible a ella una vez descontado el que habría hecho falta para generar por separado ese calor. Su lógica es la del análisis exergético del apartado 3: se premia no haber degradado calidad energética innecesariamente.
Didácticamente, la cogeneración es el mejor ejemplo de una idea que el tribunal agradece ver bien formulada: la eficiencia no consiste solo en construir máquinas mejores, sino en integrar procesos para que el residuo de uno sea el recurso de otro. Es exactamente el principio de la economía circular aplicado a la energía, y conecta con el objetivo de desarrollo sostenible 12, sobre producción y consumo responsables, sin necesidad de forzar la analogía.
9. La energía nuclear: fisión y fusión
La fisión aprovecha que ciertos núcleos pesados, señaladamente el uranio 235, se rompen al absorber un neutrón liberando dos fragmentos, dos o tres neutrones y unos 200\ \mathrm{MeV} por fisión. La diferencia de masa entre reactivos y productos se convierte en energía según E = mc^2, lo que explica la enorme densidad energética del combustible nuclear: un gramo de uranio 235 libera aproximadamente la misma energía que tres toneladas de carbón.
La interpretación física del fenómeno se debe a Lise Meitner y Otto Frisch, que en 1939 explicaron los resultados experimentales de Otto Hahn y Fritz Strassmann recurriendo al modelo de la gota líquida y calcularon la energía liberada; fue Meitner quien identificó que el núcleo se había escindido y quien acuñó, con Frisch, el término fisión. Su exclusión del Nobel de 1944 es uno de los casos más citados al hablar del reconocimiento del trabajo científico de las mujeres, y merece contarse en el aula por lo que enseña sobre cómo se construye y se atribuye el conocimiento.
Figura 5. Reactor nuclear de agua a presión (PWR): circuito primario, secundario y de refrigeración.
El reactor de agua a presión (PWR) es el diseño más extendido y el que conviene dominar. El agua del circuito primario actúa a la vez de refrigerante y de moderador —frena los neutrones hasta energías térmicas, que son las que sostienen la reacción— y se mantiene líquida a unos 155\ \mathrm{bar} y 320\ ^{\circ}\mathrm{C}. En el generador de vapor cede su calor a un circuito secundario que sí hierve y mueve una turbina de vapor: de nuevo un ciclo de Rankine, con el reactor haciendo de caldera. Las barras de control, de materiales absorbentes de neutrones como el boro o el cadmio, regulan el factor de multiplicación k; la condición de operación estable es k = 1. El rendimiento termodinámico ronda el 33 %, inferior al de un ciclo combinado porque la temperatura del vapor está limitada por la integridad del combustible y de la vasija.
El balance ambiental es matizado y conviene exponerlo sin maniqueísmo, que es lo que distingue a un opositor solvente. La fisión no emite gases de efecto invernadero durante la operación y su huella de ciclo de vida es de las más bajas, en torno a 12\ \mathrm{g} de \mathrm{CO_2} equivalente por kilovatio hora; su factor de capacidad, superior al 85 %, la hace idónea para cubrir la base de la demanda. En el otro platillo pesan la gestión de los residuos de alta actividad durante milenios, el riesgo de accidente severo —Chernóbil (1986) y Fukushima (2011) marcaron la percepción social y la exigencia técnica—, los plazos y costes de construcción y el carácter finito del uranio. Los reactores modulares pequeños, de 50 a 300 MW y fabricación seriada, aspiran a reducir plazos e inversión.
La fusión es el proceso inverso: núcleos ligeros que se unen. La reacción de referencia combina deuterio y tritio y libera 17{,}6\ \mathrm{MeV} por evento, con un combustible prácticamente inagotable y sin residuos de alta actividad de vida larga. Su dificultad es sostener un plasma a más de cien millones de grados el tiempo suficiente, condición que sintetiza el criterio de Lawson. El reactor experimental internacional ITER persigue demostrar una ganancia neta en un dispositivo de confinamiento magnético, y en 2022 la instalación estadounidense National Ignition Facility logró por primera vez, mediante confinamiento inercial, liberar más energía de fusión que la depositada por los láseres en el blanco. Sigue siendo un hito de laboratorio, no una central: la fusión comercial no se espera antes de la segunda mitad del siglo.
10. El aprovechamiento hidráulico y el bombeo reversible
La energía hidráulica transforma la energía potencial del agua embalsada en electricidad, y lo hace con el mejor rendimiento de todo el catálogo: por encima del 90 %, porque encadena conversiones entre formas ordenadas de energía sin pasar por el calor. La potencia disponible es
P = \rho\, g\, Q\, H\, \eta,con \rho la densidad del agua, g la gravedad, Q el caudal turbinado en \mathrm{m^3/s}, H el salto neto en metros y \eta el rendimiento del conjunto. Un salto de 100\ \mathrm{m} con un caudal de 20\ \mathrm{m^3/s} y \eta = 0{,}90 entrega
P = 1.000 \times 9{,}81 \times 20 \times 100 \times 0{,}90 \approx 17{,}7\ \mathrm{MW}.La elección de turbina depende del binomio salto-caudal: Pelton para saltos muy altos y caudales pequeños, con inyectores que golpean cucharas; Francis para saltos y caudales medios, de reacción y flujo mixto, la más extendida; Kaplan para saltos bajos y caudales grandes, con álabes orientables que mantienen buen rendimiento a carga parcial. Elegir turbina a partir de datos reales de un río cercano es una actividad de aula excelente, porque obliga a razonar con un criterio técnico explícito en lugar de memorizar una clasificación.
El estudio y la explotación de estos aprovechamientos exigieron además resolver el cálculo de las líneas largas que evacúan su energía, un problema que en corriente alterna obliga a operar con magnitudes complejas. Los métodos gráficos de Edith Clarke para el análisis de sistemas de potencia, recogidos en su Circuit Analysis of A-C Power Systems, permitieron resolverlo con lápiz y papel antes del cálculo automático y se emplearon en la evacuación de grandes centrales hidroeléctricas como la de la presa Hoover.
Más allá de la generación, la hidráulica presta al sistema dos servicios que hoy son decisivos. El primero es la regulación: una central con embalse arranca en minutos y sigue la demanda, lo que la convierte en el respaldo natural de las renovables variables. El segundo es el almacenamiento por bombeo, la única tecnología de gran escala verdaderamente madura: en horas de excedente se bombea agua al embalse superior y en horas de escasez se turbina, con un rendimiento de ida y vuelta del 70-80 %. Es, literalmente, una batería gravitatoria de gigavatios hora.
Su impacto ambiental no es despreciable y debe exponerse: alteración de los caudales ecológicos y de la fauna piscícola, sedimentación de los embalses, ocupación del territorio y desplazamiento de poblaciones. La minihidráulica, por debajo de 10\ \mathrm{MW}, reduce ese impacto pero también la aportación al sistema. Debatir en clase el equilibrio entre servicio energético e impacto sobre el río es una manera honesta de mostrar que ninguna tecnología es inocua.
11. La conversión eólica y el límite de Betz
Un aerogenerador transforma la energía cinética del viento en energía mecánica de rotación y esta en electricidad. La potencia contenida en el flujo de aire que atraviesa el área barrida por el rotor es
P = \tfrac{1}{2}\,\rho\, A\, v^3\, C_p,con \rho \approx 1{,}225\ \mathrm{kg/m^3} la densidad del aire, A = \pi D^2/4 el área barrida, v la velocidad del viento y C_p el coeficiente de potencia.
Figura 6. Aerogenerador de eje horizontal y límite de Betz: la potencia crece con el cubo de la velocidad del viento.
Dos dependencias gobiernan el diseño y conviene subrayarlas. La potencia crece con el cubo de la velocidad del viento: duplicar v multiplica por ocho la potencia disponible, lo que explica que la elección del emplazamiento sea más determinante que cualquier refinamiento de la máquina. Y crece con el cuadrado del diámetro del rotor, lo que explica la carrera hacia palas cada vez mayores.
El límite de Betz, establecido por Albert Betz en 1919, demuestra que ningún rotor puede extraer más del 16/27 \approx 59{,}3\ \% de la energía cinética del viento incidente. El razonamiento es de una elegancia notable y suele preguntarse: si la máquina extrajera toda la energía cinética, el aire quedaría en reposo tras el rotor y no podría evacuarse, bloqueando el paso del flujo siguiente; el óptimo aparece cuando la velocidad del aire se reduce a un tercio de la incidente. Los aerogeneradores comerciales alcanzan C_p de 0{,}45 a 0{,}50, notablemente cerca del límite físico.
La máquina dominante es la de eje horizontal y tres palas, con orientación activa, control de paso de pala y velocidad variable mediante electrónica de potencia. Las unidades terrestres actuales se sitúan entre 3 y 6 MW, mientras que la eólica marina ha superado los 15 MW por unidad con rotores de más de 230\ \mathrm{m} de diámetro, aprovechando vientos más constantes y la ausencia de restricciones de transporte por carretera. La normalización técnica de estas máquinas, en particular las clases de viento y los requisitos de diseño, se recoge en la serie de normas IEC 61400.
Los inconvenientes son la variabilidad del recurso, que obliga a respaldo o almacenamiento; el impacto sobre la avifauna y los quirópteros; el ruido aerodinámico; y la afección paisajística, origen de buena parte de la contestación social a los grandes parques. El reciclaje de las palas, de materiales compuestos difíciles de separar, es hoy línea de investigación activa y un ejemplo inmejorable para discutir en el aula que la sostenibilidad de una tecnología se juzga en todo su ciclo de vida y no solo en su fase de uso.
12. La conversión solar: fotovoltaica y termosolar
La radiación solar que alcanza la superficie terrestre en un día despejado ronda los 1.000\ \mathrm{W/m^2}, y la península ibérica recibe entre 1.500 y 1.900\ \mathrm{kWh} por metro cuadrado y año, uno de los mejores recursos de Europa. Existen dos vías para aprovecharla, que conviene no confundir.
La conversión fotovoltaica transforma la radiación directamente en electricidad mediante el efecto fotovoltaico. Un fotón con energía superior a la banda prohibida del semiconductor —unos 1{,}1\ \mathrm{eV} en el silicio— genera un par electrón-hueco que el campo eléctrico interno de una unión p-n separa, estableciendo una corriente continua.
Figura 7. Célula fotovoltaica de unión p-n: un fotón crea un par electrón-hueco que el campo interno separa, generando corriente.
El rendimiento de los módulos comerciales de silicio se sitúa hoy entre el 21 y el 24 %, frente al límite teórico de una célula de unión simple establecido por Shockley y Queisser en 1961, en torno al 33 %. Ese techo se supera apilando materiales con bandas prohibidas distintas: las células tándem de perovskita sobre silicio han rebasado el 34 % en laboratorio y son la línea de investigación más prometedora del sector, pendiente aún de resolver su durabilidad. Un detalle poco conocido y muy pertinente: el rendimiento real de cualquier módulo depende críticamente de las capas antirreflectantes que evitan que la luz se pierda por reflexión, una tecnología que arranca de los trabajos de Katharine Blodgett sobre películas monomoleculares en los años treinta, origen del vidrio no reflectante. La cualificación de los módulos se rige por normas internacionales de la serie IEC 61215 e IEC 61730.
La instalación fotovoltaica requiere un inversor que convierta la corriente continua en alterna sincronizada con la red, con rendimientos superiores al 97 %, y admite tres configuraciones: grandes plantas conectadas a red, autoconsumo en cubiertas con o sin excedentes, y sistemas aislados con acumulación. El coste de generación se ha desplomado más del 80 % en la última década, lo que ha convertido a la fotovoltaica en la fuente de electricidad más barata en buena parte del mundo.
La conversión termosolar o de concentración sigue un camino distinto: concentra la radiación mediante espejos para calentar un fluido y accionar después un ciclo de Rankine convencional. Sus configuraciones principales son los captadores cilindroparabólicos, que concentran sobre un tubo receptor, y las torres centrales rodeadas de helióstatos, capaces de alcanzar temperaturas superiores a 565\ ^{\circ}\mathrm{C}. Su gran ventaja competitiva no es el rendimiento —del 15 al 25 %— sino el almacenamiento térmico en sales fundidas, que permite seguir generando entre ocho y quince horas después de la puesta de sol y convierte a la termosolar en una renovable gestionable. La idea de almacenar calor en un material que cambia de fase tiene una pionera clara: Maria Telkes, que en 1948 diseñó el sistema de acumulación con sales de la primera vivienda calefactada íntegramente con energía solar.
No debe olvidarse la vía más sencilla y de mayor rentabilidad inmediata, la energía solar térmica de baja temperatura para agua caliente sanitaria y apoyo a calefacción, con captadores planos o de tubos de vacío, rendimientos del 40 al 60 % y amortizaciones de pocos años. Es, además, el ejemplo perfecto del principio exergético del apartado 3: usar energía de baja calidad para un servicio que solo requiere baja calidad.
13. Biomasa, geotermia y energía marina
La biomasa aprovecha la energía química almacenada por la fotosíntesis en la materia orgánica: restos agrícolas y forestales, cultivos energéticos, residuos ganaderos e industriales y la fracción orgánica de los residuos urbanos. Puede quemarse directamente en calderas y centrales, digerirse anaeróbicamente para obtener biogás rico en metano, o transformarse en biocombustibles líquidos. Se considera neutra en carbono en el balance del ciclo corto —el \mathrm{CO_2} liberado es el que la planta fijó al crecer— siempre que la explotación sea sostenible y la reposición efectiva; si se cosecha más de lo que se regenera, esa neutralidad desaparece. Sus ventajas son la gestionabilidad, la valorización de residuos y el arraigo rural del empleo; sus inconvenientes, la baja densidad energética, la logística de recogida, las emisiones de partículas y la competencia con usos alimentarios del suelo.
La energía geotérmica aprovecha el calor del interior de la Tierra, cuyo gradiente medio es de unos 30\ ^{\circ}\mathrm{C} por kilómetro de profundidad. Los yacimientos de alta entalpía, por encima de 150\ ^{\circ}\mathrm{C} y ligados a zonas volcánicas, permiten generar electricidad con ciclos de vapor o binarios; Islandia es el caso paradigmático, y en España las Canarias concentran el potencial. Los de baja entalpía se destinan a climatización mediante bomba de calor geotérmica, aprovechando la temperatura estable del subsuelo, una aplicación posible en casi cualquier lugar y muy interesante en edificios de consumo casi nulo. Es una fuente firme, con factores de capacidad superiores al 90 %, cuyo límite es la geografía.
Las energías marinas engloban la mareomotriz, que aprovecha la diferencia de nivel entre pleamar y bajamar mediante turbinas en estuarios; la undimotriz, que capta la energía de las olas; la de corrientes, con turbinas sumergidas; y el gradiente térmico oceánico. Ofrecen un recurso enorme y, en el caso de las mareas, perfectamente predecible, pero se enfrentan a la corrosión, al coste de instalación y mantenimiento en medio hostil y a una madurez todavía baja, salvo instalaciones singulares como la de La Rance en Francia. Su aportación al mix es hoy testimonial.
14. Almacenamiento y el hidrógeno como vector energético
La electricidad tiene un problema estructural: apenas puede almacenarse como tal, y la red exige un equilibrio instantáneo y permanente entre generación y demanda. Con un peso creciente de renovables variables, el almacenamiento pasa de ser un complemento a ser una pieza central del sistema.
Las opciones se distinguen por su escala temporal. El bombeo hidráulico aporta la mayor capacidad en energía y horizontes de horas a días, con un rendimiento de ida y vuelta del 70-80 %. Las baterías de ion litio han irrumpido con fuerza gracias al desplome de costes: ofrecen densidades de 150 a 250\ \mathrm{Wh/kg}, rendimientos del 90-95 % y respuesta en milisegundos, lo que las hace idóneas para regulación de frecuencia y desplazamientos de pocas horas. Las baterías de flujo desacoplan potencia y energía y ofrecen vida útil larga para almacenamientos de mayor duración. El almacenamiento térmico, en sales fundidas o en materiales de cambio de fase, resulta muy competitivo cuando el uso final es calor. Y el aire comprimido o los volantes de inercia cubren nichos específicos. En la investigación de materiales para baterías y termoeléctricos destaca la figura de Mildred Dresselhaus, cuyos trabajos sobre las estructuras del carbono cimentaron buena parte de los electrodos y nanomateriales hoy en uso.
El hidrógeno ocupa un lugar aparte, y es imprescindible entender su naturaleza para no cometer el error más frecuente del tema: el hidrógeno no es una fuente de energía, sino un vector energético, igual que la electricidad. No se extrae de yacimientos: hay que fabricarlo gastando energía. Su interés reside en su elevada densidad energética por unidad de masa —un poder calorífico inferior de 120\ \mathrm{MJ/kg}, unos 33{,}3\ \mathrm{kWh/kg}— y en que su combustión o su oxidación electroquímica solo producen agua.
La vía limpia de obtención es la electrólisis del agua con electricidad renovable, el llamado hidrógeno verde, que consume del orden de 50 a 55\ \mathrm{kWh} por kilogramo con rendimientos del 60-70 %. En sentido inverso, la pila de combustible recombina hidrógeno y oxígeno generando electricidad con rendimientos del 50-60 % y agua como único producto. El problema es el rendimiento de la cadena completa: encadenar electrólisis, compresión o licuefacción, transporte y pila deja en torno al 30-35 % de la electricidad de partida. De ahí una conclusión de ingeniería que conviene defender con datos: el hidrógeno no compite con la electrificación directa donde esta es posible —el coche eléctrico de batería es mucho más eficiente que el de pila—, sino que está llamado a descarbonizar aquello que no puede electrificarse fácilmente: la siderurgia, la industria química, el transporte pesado, marítimo y aéreo, y el almacenamiento estacional de excedentes renovables.
15. Rendimiento global, ciclo de vida y mix eléctrico
Comparar tecnologías solo por su rendimiento termodinámico induce a error. Una fotovoltaica con un 22 % de rendimiento no es «peor» que un ciclo combinado con un 60 %, porque su energía primaria es gratuita, inagotable y no emite. El indicador honesto es el análisis de ciclo de vida, normalizado en la serie UNE-EN ISO 14040 y 14044, que contabiliza los impactos desde la extracción de los materiales hasta el desmantelamiento y el reciclado, pasando por la fabricación, el transporte y la operación.
Con ese criterio, las emisiones de gases de efecto invernadero por kilovatio hora generado, expresadas en gramos de \mathrm{CO_2} equivalente, se ordenan aproximadamente así: carbón 820; ciclo combinado de gas 490; fotovoltaica entre 30 y 45; hidráulica 24; nuclear 12; y eólica 11. Las renovables no son de emisiones nulas, porque fabricar un módulo o una pala consume energía y materiales, pero sí de un orden de magnitud inferior a las fósiles. Dos indicadores complementan la fotografía: el tiempo de retorno energético, que en la fotovoltaica actual es de uno a dos años frente a una vida útil de treinta, y la tasa de retorno energético, que mide cuánta energía devuelve una instalación por cada unidad invertida en construirla.
Figura 8. Comparativa de tecnologías de generación eléctrica: principio, límite físico, rendimiento, gestionabilidad y emisiones.
El sistema eléctrico español ilustra bien la transición en curso: las renovables han superado el 50 % de la generación anual, con la eólica disputando el primer puesto a la fotovoltaica en fuerte crecimiento, mientras el carbón ha quedado reducido a una presencia marginal y la nuclear mantiene una aportación estable en torno a la quinta parte. La planificación energética a 2030 apunta a un 81 % de generación renovable, y el horizonte europeo a la neutralidad climática en 2050. Estos datos envejecen deprisa: lo importante no es memorizar la cifra sino saber de dónde se obtiene —los balances del operador del sistema y de los organismos energéticos oficiales— e interpretarla.
El reto ya no es tanto generar limpio como integrar esa generación: gestionar la variabilidad, mantener la inercia y la estabilidad de frecuencia de una red con menos máquinas rotativas síncronas, reforzar interconexiones, desplegar almacenamiento y activar la gestión de la demanda mediante redes inteligentes. Es una discusión que admite un tratamiento riguroso y a la vez ciudadano en el aula, y que conecta de manera natural con los objetivos de desarrollo sostenible 7 y 13.
16. Aplicación didáctica y relación con el currículo
Los contenidos de este tema constituyen un núcleo central de la materia de Tecnología a lo largo de toda la etapa. En la educación secundaria obligatoria, Tecnología y Digitalización aborda las fuentes de energía, sus transformaciones y su uso responsable dentro de los saberes básicos ligados a la sostenibilidad y a la ecodependencia, en conexión directa con la competencia específica orientada al desarrollo sostenible y con la competencia STEM. En el bachillerato de la modalidad de ciencias y tecnología, Tecnología e Ingeniería permite abordar con rigor los principios termodinámicos, las máquinas térmicas, los ciclos de potencia y el análisis cuantitativo de balances energéticos. La interdisciplinariedad con Física y Química y con Biología y Geología es aquí especialmente fértil.
Metodológicamente, el tema pide un enfoque competencial y contextualizado, articulado en situaciones de aprendizaje sobre problemas reales y cercanos. Cuatro propuestas contrastadas:
- Auditoría energética del centro. El alumnado mide consumos reales, calcula energía y potencia contratada, dimensiona una instalación de autoconsumo en la cubierta y estima ahorro y amortización. Integra conversión de unidades, rendimiento y análisis económico, y culmina en un informe dirigido al equipo directivo que da sentido auténtico a la tarea.
- Reto de construcción. Maquetas funcionales de aerogenerador con las que comprobar experimentalmente la dependencia cúbica de la potencia con la velocidad del viento, o pequeñas células fotovoltaicas conectadas a un motor. La manipulación hace tangible la conversión y permite trabajar la toma de datos y su representación gráfica.
- Análisis de datos abiertos. Consulta de la generación eléctrica en tiempo real para interpretar el mix diario, identificar el efecto de un día sin viento y debatir sobre variabilidad y almacenamiento.
- Debate argumentado. Sobre el papel de la nuclear, la implantación de grandes plantas renovables en el territorio o la transición justa, con roles asignados y exigencia de fundamentar cada posición en evidencias.
La evaluación se apoya en rúbricas de proyecto, portafolios y pruebas de resolución de problemas, más que en la reproducción memorística. Conviene además prever la atención a la diversidad desde el diseño: los principios del diseño universal para el aprendizaje se materializan aquí en ofrecer la información en varios formatos —esquema de bloques, simulación interactiva, texto, maqueta—, en graduar las tareas de cálculo con andamiajes de dificultad decreciente y en permitir distintas formas de demostrar lo aprendido, desde el informe escrito hasta la exposición oral o el prototipo. Las tareas de medida y construcción, por su carácter manipulativo, son particularmente inclusivas.
Merece una mención explícita el tratamiento de los errores conceptuales recurrentes, que conviene anticipar: creer que la energía «se gasta» en lugar de degradarse; confundir potencia con energía y kilovatio con kilovatio hora; suponer que el bajo rendimiento de una central térmica es un defecto subsanable y no un límite físico; tomar el hidrógeno por una fuente; y atribuir emisiones nulas a las renovables sin considerar su ciclo de vida. Diseñar las tareas para que estos errores afloren y se corrijan es más eficaz que enunciarlos como advertencias.
Por último, una perspectiva ciudadana que aborde la pobreza energética, la brecha entre territorios y el reparto de costes y beneficios de la transición completa la formación técnica con la formación ética que el alumnado necesita para decidir sobre uno de los grandes desafíos de su tiempo.
17. Conclusión
La producción y transformación de la energía es, antes que una cuestión técnica, una aplicación rigurosa de las leyes de la física. El primer principio garantiza que la energía solo se transforma, de modo que toda central es un conversor que lleva una forma primaria hasta la electricidad; el segundo principio impone, mediante la entropía y el rendimiento de Carnot, un techo infranqueable a la eficiencia de las máquinas térmicas y orienta la ingeniería hacia los ciclos combinados y el aprovechamiento del calor residual. El concepto de exergía resume esta doble lectura de cantidad y calidad: el reto no es solo no malgastar, sino no degradar.
El recorrido por las tecnologías de generación —térmicas de vapor, ciclos combinados, nuclear, hidráulica regulable y renovables variables, junto a biomasa, geotermia y energía marina— muestra que no hay fuente perfecta, sino un conjunto de soluciones con límites físicos propios: Carnot en las térmicas, Betz en la eólica, Shockley-Queisser en la fotovoltaica. La integración de unas renovables intermitentes encuentra respuesta en el almacenamiento y en el hidrógeno, entendido como vector y no como fuente.
El hilo conductor es claro: un mix en transformación que busca conciliar rendimiento, sostenibilidad y seguridad de suministro. Para el futuro docente de Tecnología, dominar este tema es disponer del marco con el que explicar el sistema energético y formar una ciudadanía capaz de decidir con criterio sobre él.
18. Bibliografía y referencias
(a) Referencias científicas y técnicas
- Çengel, Y. A. y Boles, M. A. (2019). Termodinámica (9.ª ed.). McGraw-Hill.
- Moran, M. J., Shapiro, H. N., Boettner, D. D. y Bailey, M. B. (2018). Fundamentos de termodinámica técnica. Reverté.
- Bejan, A. (2016). Advanced Engineering Thermodynamics (4.ª ed.). Wiley.
- Twidell, J. y Weir, T. (2015). Renewable Energy Resources (3.ª ed.). Routledge.
- Masters, G. M. (2013). Renewable and Efficient Electric Power Systems (2.ª ed.). Wiley-IEEE Press.
- Carnot, S. (1824). Réflexions sur la puissance motrice du feu. Bachelier.
- Betz, A. (1926). Wind-Energie und ihre Ausnutzung durch Windmühlen. Vandenhoeck & Ruprecht.
- Noether, E. (1918). «Invariante Variationsprobleme». Nachrichten der Königlichen Gesellschaft der Wissenschaften zu Göttingen.
- Meitner, L. y Frisch, O. R. (1939). «Disintegration of Uranium by Neutrons: a New Type of Nuclear Reaction». Nature, 143.
- Shockley, W. y Queisser, H. J. (1961). «Detailed Balance Limit of Efficiency of p-n Junction Solar Cells». Journal of Applied Physics, 32(3).
- Clarke, E. (1943). Circuit Analysis of A-C Power Systems. Wiley.
- IPCC (2022). Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change (Working Group III, AR6). Cambridge University Press.
(b) Normas técnicas, informes y recursos en línea
- UNE-EN ISO 14040 y UNE-EN ISO 14044, sobre gestión ambiental y análisis del ciclo de vida.
- IEC 61400 (serie), sobre sistemas de generación eólica: clases de viento y requisitos de diseño.
- IEC 61215 e IEC 61730, sobre cualificación del diseño y seguridad de módulos fotovoltaicos.
- Red Eléctrica (Redeia). Informe del sistema eléctrico español (anual) y datos de generación en tiempo real. https://www.ree.es y https://www.esios.ree.es
- IDAE — Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía. Estadísticas y balances energéticos. https://www.idae.es
- Agencia Internacional de la Energía (IEA). World Energy Outlook (anual) y Batteries and Secure Energy Transitions. https://www.iea.org
- IRENA — International Renewable Energy Agency. Renewable Power Generation Costs y Renewable Capacity Statistics. https://www.irena.org
- ITER Organization. https://www.iter.org — estado del proyecto internacional de fusión.
- National Renewable Energy Laboratory (NREL). Best Research-Cell Efficiency Chart. https://www.nrel.gov
Orientaciones para el estudio
- Asiente con firmeza los dos principios y el rendimiento de Carnot: son la columna vertebral del tema. Sepa deducir, con un ejemplo numérico (T_c y T_f en kelvin), por qué una central de vapor no supera el 45 %. El tribunal valora el razonamiento físico, no la enumeración.
- Distinga con claridad los ciclos (Rankine en las de vapor, Brayton en las turbinas de gas, su encadenamiento en el ciclo combinado) y dibuje de memoria el esquema de bloques caldera-turbina-alternador-condensador: es el arquetipo que reaparece en la nuclear, la termosolar, la biomasa y la geotérmica.
- No confunda energía con potencia ni fuente primaria con vector energético: el hidrógeno y la electricidad son vectores, no fuentes. Apóyese en el factor de capacidad para explicar por qué más potencia instalada no significa más energía generada.
- Vincule cada tecnología con su límite físico característico —Carnot en las térmicas, Betz 59{,}3\ \% en la eólica, Shockley-Queisser en torno al 33\ \% en la fotovoltaica— y con sus ventajas e inconvenientes, evitando el maniqueísmo. Un tema que solo alaba las renovables suena menos solvente que uno que las sitúa con sus impactos.
- Practique tres o cuatro ejercicios numéricos tipo: Carnot, potencia hidráulica P = \rho g Q H \eta, potencia eólica con la dependencia cúbica y rendimiento en cadena (incluida la del hidrógeno). Resolverlos con soltura ante el tribunal marca la diferencia.
- Memorice dos o tres datos recientes y verificables del mix eléctrico español citando la fuente; un dato bien traído demuestra actualización. Y tenga presente que envejecen: exponga siempre de dónde procede la cifra.
- Teja el hilo didáctico a lo largo de la exposición y no solo al final: cada tecnología admite un ejemplo de aula, un error conceptual frecuente o una idea de evaluación. Un tema técnicamente impecable sin sensibilidad educativa pierde puntos.
- Construya para el repaso un esquema de una página con las dos leyes y Carnot, una fila por tecnología con su principio, ciclo, rendimiento y límite, y los tres pilares de la transición: renovables, almacenamiento e hidrógeno. Es el armazón ideal para exponer con orden si se queda sin tiempo.
- Mantenga separados, al exponer, los fundamentos atemporales y la actualidad: así demuestra a la vez dominio conceptual y puesta al día.