TEMA 2. LA CONCRECIÓN DE LOS CURRÍCULOS EN EL MARCO DEL PROYECTO EDUCATIVO DEL CENTRO. PROGRAMACIÓN DOCENTE PARA DAR RESPUESTA A LAS DISTINTAS NECESIDADES DEL ALUMNADO: PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS QUE DEBEN TENERSE EN CUENTA, ESTRATEGIAS PARA SU ELABORACIÓN EN EL CICLO, CURSO Y AULA. COORDINACIÓN DOCENTE
ÍNDICE
- Introducción
- Marco legal: el currículo, la LOMLOE y su desarrollo en la Comunidad de Madrid
- El Proyecto Educativo de Centro (PEC) como marco de la concreción
- Los niveles de concreción curricular
- Principios pedagógicos que deben tenerse en cuenta al programar
- Estrategias de elaboración: ciclo, curso y aula
- La coordinación docente
- La programación por situaciones de aprendizaje (Decreto 61/2022)
- Aplicación didáctica en el aula
- Conclusión
- Bibliografía y referencias legislativas
1. INTRODUCCIÓN
Programar no es una tarea administrativa: es el acto profesional por el que un colectivo docente convierte un currículo prescrito en oportunidades reales de aprendizaje para alumnos concretos. Programar es, antes que nada, decidir antes de actuar; anticipar la respuesta a las necesidades del alumnado en lugar de descubrirlas cuando ya es tarde. Entre la Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE) y la sesión del próximo martes a las diez y media en el aula de cuarto B existe una larga cadena de decisiones que atraviesa el Proyecto Educativo de Centro, la Propuesta Curricular, la programación de ciclo, la programación de curso y la programación de aula. Esa cadena —los niveles de concreción curricular— constituye el armazón mismo del oficio docente.
Este tema aborda cuatro grandes preguntas que estructuran todo el desarrollo. ¿Cómo se concreta el currículo desde lo general a lo particular, del texto del Estado al cuaderno del maestro? ¿Qué papel desempeña el Proyecto Educativo de Centro en esa concreción? ¿Qué principios pedagógicos deben guiar al docente cuando programa para un alumnado diverso? Y, por último, ¿qué estrategias de elaboración y qué estructuras de coordinación permiten que esa tarea se realice con coherencia y sin pérdidas entre lo prescrito y lo aprendido?
El planteamiento del tema combina tres miradas complementarias. La mirada legal, anclada en la LOMLOE, en el Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, y en el Decreto 61/2022, de 13 de julio, del Consejo de Gobierno, que ordena el currículo de la Educación Primaria en la Comunidad de Madrid. La mirada pedagógica, que recoge las aportaciones de autores como César Coll, Antoni Zabala, Ángel Pérez Gómez, Philippe Perrenoud, David Ausubel, Lev Vygotsky o Carol Ann Tomlinson. Y una mirada práctica, orientada al trabajo cotidiano de los equipos de ciclo, de la Comisión de Coordinación Pedagógica y del docente en su grupo.
La programación competencial vigente representa un cambio cualitativo respecto a la tradición precedente. No basta con redistribuir contenidos en sesiones ni con secuenciar temas en un calendario: hay que reformular el sentido mismo de la planificación a partir de las competencias clave, las competencias específicas, los saberes básicos y los criterios de evaluación, articulados en situaciones de aprendizaje que el currículo sitúa hoy en el centro del modelo. Programar, en definitiva, es trabajar para que el alumnado sepa hacer cosas valiosas con lo que aprende, y no solo recordarlas para un examen. A desarrollar con rigor esa idea, y a anclarla en el marco normativo de la Comunidad de Madrid, se dedican las páginas que siguen.
2. MARCO LEGAL: EL CURRÍCULO, LA LOMLOE Y SU DESARROLLO EN LA COMUNIDAD DE MADRID
La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), modificada por la Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE), define en su artículo 6 el currículo como el conjunto de objetivos, competencias, contenidos —enunciados como saberes básicos—, métodos pedagógicos y criterios de evaluación de cada una de las enseñanzas reguladas por la ley. Programar consiste, precisamente, en concretar y secuenciar esos elementos en cada nivel y para cada grupo. Frente al modelo anterior, sustentado en estándares de aprendizaje evaluables, la nueva ordenación gira en torno a las competencias y a una concepción del currículo como sistema relacional, no como mero listado de contenidos.
La LOMLOE organiza el currículo en torno a las competencias clave alineadas con la Recomendación del Consejo de la Unión Europea de 22 de mayo de 2018, relativa a las competencias clave para el aprendizaje permanente, y enmarca el aprendizaje en el perfil de salida del alumnado al término de la enseñanza básica. Este perfil es el referente último de las decisiones curriculares y la columna que conecta todas las etapas obligatorias. Las ocho competencias clave vigentes son: comunicación lingüística (CCL), plurilingüe (CP), matemática y en ciencia, tecnología e ingeniería (STEM), digital (CD), personal, social y de aprender a aprender (CPSAA), ciudadana (CC), emprendedora (CE) y en conciencia y expresión culturales (CCEC). Cada una de ellas se gradúa mediante descriptores operativos que marcan el nivel esperado al final de la Educación Primaria.
El Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Primaria, constituye el currículo básico estatal. Fija las competencias específicas de cada área —entre tres y siete por área—, los saberes básicos organizados por ciclos y los criterios de evaluación asociados a cada competencia específica. Reserva al Estado un porcentaje del horario (al menos el 50 % en las comunidades sin lengua cooficial, como es el caso de la Comunidad de Madrid) y establece los principios pedagógicos de la etapa en su artículo 6: atención a las diferencias individuales, prevención de dificultades de aprendizaje y puesta en marcha de mecanismos de refuerzo tan pronto como se detecten, fomento de la comprensión lectora, de la expresión oral y escrita, de la comunicación audiovisual, de la competencia digital, del espíritu científico y de la educación en valores. El Real Decreto prevé asimismo la posibilidad de organizar las áreas por ámbitos, especialmente en los primeros cursos, para facilitar el tránsito desde la Educación Infantil.
En la Comunidad de Madrid, el desarrollo curricular se concreta en el Decreto 61/2022, de 13 de julio, del Consejo de Gobierno, por el que se establece para la Comunidad de Madrid la ordenación y el currículo de la etapa de Educación Primaria (BOCM núm. 173, de 22 de julio de 2022). Este decreto desarrolla y completa el marco estatal: define las áreas de la etapa y su distribución horaria, regula la evaluación, la promoción y los planes de refuerzo, incorpora la lectura como elemento transversal en todas las áreas y articula las situaciones de aprendizaje como unidad básica de programación. Su aplicación práctica se concreta en la Resolución de 27 de julio de 2022, de la Dirección General de Educación Infantil, Primaria y Especial, por la que se dictan instrucciones para la aplicación del Decreto 61/2022.
Junto a este núcleo, completan el marco normativo de referencia en la Comunidad de Madrid otras disposiciones que el docente debe conocer porque condicionan la programación. El Decreto 24/2018, de 24 de abril, del Consejo de Gobierno, regula la atención a la diversidad y la inclusión educativa, y la Orden 1493/2015 ordena la evaluación del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo. El Decreto 32/2019, de 9 de abril, del Consejo de Gobierno (BOCM núm. 89, de 15 de abril de 2019), establece el marco regulador de la convivencia en los centros docentes de la Comunidad de Madrid. La autonomía pedagógica, organizativa y de gestión de los centros queda reconocida por la propia LOMLOE (artículos 120 y 121) y por el Reglamento Orgánico de los centros públicos vigente en la Comunidad de Madrid, que regula los órganos de gobierno y de coordinación docente.
Conviene retener tres ideas-fuerza del marco normativo. Primera, su carácter competencial: programar no es seleccionar contenidos, sino diseñar experiencias que movilicen competencias. Segunda, el principio de inclusión y equidad, que el Decreto 24/2018 traduce en un sistema de medidas que va de lo ordinario a lo extraordinario y que parte de la idea de que las barreras al aprendizaje están en el contexto, no en el alumno. Tercera, la autonomía: el currículo prescrito deja márgenes amplios para la decisión profesional, que debe ejercerse con criterio, de forma colegiada y siempre justificada.
3. EL PROYECTO EDUCATIVO DE CENTRO (PEC) COMO MARCO DE LA CONCRECIÓN
El Proyecto Educativo de Centro (PEC) es el documento institucional que recoge las señas de identidad del centro, sus principios y valores educativos, sus prioridades de actuación y las grandes líneas que orientan toda su organización. En palabras de Serafín Antúnez, el PEC es el «mapa de identidad» de la escuela: programar al margen de él es construir sobre arena, porque cada programación de aula debe poder justificarse coherentemente con las prioridades que el centro ha asumido como propias. Su fundamento último reside en el principio de autonomía pedagógica, organizativa y de gestión que el artículo 120 de la LOE-LOMLOE reconoce a los centros: cada escuela puede y debe singularizar su respuesta educativa dentro del marco legal común.
El PEC tiene un contenido prescriptivo que el artículo 121 de la LOE-LOMLOE detalla: el análisis del contexto y del entorno socioeducativo; los valores, objetivos y prioridades de actuación; la forma de atención a la diversidad y la acción tutorial; el plan de convivencia; la concreción de los currículos —que corresponde establecer y aprobar al claustro—; el tratamiento transversal de la educación en valores; y la coordinación con los servicios sociales y educativos del entorno. En la práctica, todo ello se materializa en una Propuesta Curricular y en un conjunto de planes específicos que el PEC integra y articula.
Esa articulación del PEC con los distintos planes es uno de sus rasgos definitorios. El PEC no es un documento abstracto que se redacta una vez y se archiva: es el paraguas que da coherencia a todos los planes específicos y a las programaciones didácticas. Bajo ese paraguas se ordenan, entre otros, el Plan de Atención a la Diversidad, conforme al Decreto 24/2018 de la Comunidad de Madrid; el Plan de Acción Tutorial; el Plan de Convivencia, regulado por el Decreto 32/2019; el Plan para el Fomento de la Lectura o Plan Lector; el Plan Digital de Centro, en aplicación del marco europeo DigCompOrg; y el Plan de Igualdad y Coeducación. Una programación de ciclo desconectada del Plan de Atención a la Diversidad, o un proyecto interdisciplinar que ignore el Plan de Convivencia, operan al margen del marco institucional y pierden buena parte de su sentido.
El PEC es elaborado por el equipo directivo conforme a las directrices del claustro y a las propuestas del consejo escolar, y es aprobado por la dirección del centro tras la valoración del consejo escolar y del claustro en el ámbito de sus respectivas competencias. Es, por su propia naturaleza, un documento de la comunidad educativa en su conjunto y no solo del profesorado: las familias, el alumnado —en la medida en que su edad lo permite— y los agentes del entorno tienen voz en su elaboración y en su revisión periódica. Es, además, un documento público, accesible para toda la comunidad.
Para el docente, el PEC es la referencia que justifica las decisiones pedagógicas. Cuando un tribunal pregunta «¿por qué ha elegido esta metodología para enseñar la división por dos cifras?», la respuesta verdaderamente profesional encadena el marco legal, los principios del PEC, los criterios de evaluación del Decreto 61/2022 y las características concretas del grupo. Ese encadenamiento entre lo macro y lo micro es la marca del profesional reflexivo que describieron Donald Schön y Kenneth Zeichner: el maestro que no aplica recetas, sino que delibera y fundamenta sus decisiones.
La Propuesta Curricular del centro —heredera de lo que la tradición denominaba Proyecto Curricular— se inserta dentro del PEC y constituye el puente entre el marco normativo general y la programación didáctica. Adapta el currículo oficial al contexto concreto del centro: prioriza y secuencia las competencias específicas y los saberes básicos por ciclos y cursos, establece criterios metodológicos compartidos, define el modelo de evaluación y los criterios de promoción, y articula la respuesta a la diversidad. Sin esa Propuesta Curricular, las programaciones didácticas quedan huérfanas de referente común y el centro pierde coherencia vertical entre ciclos.
4. LOS NIVELES DE CONCRECIÓN CURRICULAR
La tradición pedagógica española, articulada en su día por César Coll en los trabajos que sustentaron la reforma de 1990, ha descrito la concreción curricular como una sucesión de niveles que van de lo general a lo particular y que la LOMLOE conserva con las adaptaciones propias del nuevo enfoque competencial. Suele hablarse de tres niveles fundamentales, con un cuarto y hasta un quinto añadidos para las adaptaciones individuales.
El primer nivel corresponde a la administración educativa y constituye el currículo prescrito. Lo integran la LOE-LOMLOE, el Real Decreto 157/2022 —enseñanzas mínimas estatales— y el Decreto 61/2022 —currículo autonómico de la Comunidad de Madrid—, junto con las disposiciones que los desarrollan. Define, con carácter prescriptivo y de obligado cumplimiento, qué se debe enseñar, qué competencias hay que desarrollar y cómo se debe evaluar; fija objetivos de etapa, competencias clave, competencias específicas, saberes básicos, criterios de evaluación, horarios mínimos y principios pedagógicos. Es la garantía del principio de equidad: las desigualdades sociales no pueden empezar en el currículo, de modo que el Estado asegura unos aprendizajes comunes para toda la ciudadanía.
El segundo nivel se realiza en el centro y se materializa en el PEC y, dentro de él, en la Propuesta Curricular y en las Programaciones Didácticas. La Propuesta Curricular adapta los elementos prescriptivos al contexto: distribuye competencias específicas y saberes básicos por ciclos, define criterios metodológicos comunes, establece las directrices de evaluación y promoción, planifica la respuesta a la diversidad y concreta los planes específicos. Las Programaciones Didácticas son los documentos que cada equipo de ciclo o área elabora para articular la enseñanza de un área concreta a lo largo de los seis cursos de la etapa. Aprobadas por el claustro, son la materialización colectiva de la autonomía pedagógica y responsabilidad compartida del claustro y de la Comisión de Coordinación Pedagógica (CCP).
El tercer nivel es la programación de aula, elaborada por cada docente para su grupo concreto. Toma la forma de unidades didácticas o, en clave LOMLOE, de situaciones de aprendizaje. Recoge las decisiones cotidianas: la secuenciación de sesiones, los materiales, los agrupamientos, las tareas y los instrumentos de evaluación. Es el nivel más flexible y el que mejor se ajusta al grupo real, porque parte del conocimiento directo que el docente tiene de su alumnado, de sus ritmos y de su contexto. Es, además, la herramienta cotidiana del maestro y la que el tribunal de oposiciones suele pedir como muestra del oficio.
Algunos autores añaden un cuarto nivel —las adaptaciones curriculares—, que personalizan aún más el currículo para el alumnado con necesidad específica de apoyo educativo y que el Decreto 24/2018 de la Comunidad de Madrid regula con detalle, distinguiendo entre medidas ordinarias, extraordinarias y excepcionales. En este nivel, la lógica del currículo común se encuentra con la singularidad de cada sujeto y se concreta en documentos como los planes de refuerzo, los planes de trabajo individualizado o las adaptaciones curriculares significativas, según el caso.
Esta arquitectura es pedagógica, no burocrática. Cada nivel responde a una pregunta distinta y necesaria: «¿qué debe garantizarse a toda la ciudadanía?» en el primero; «¿qué identidad asume nuestro centro y cómo organiza la etapa?» en el segundo; «¿qué haré la próxima semana con mi grupo?» en el tercero; y «¿qué necesita este alumno concreto?» en el cuarto. Esa cadena de preguntas es el armazón del trabajo profesional. La coherencia entre niveles es, además, condición de calidad: una programación de aula que ignora la Programación Didáctica o el PEC pierde sentido institucional, y una Propuesta Curricular que no se traduce en programaciones de aula vivas se convierte en mera literatura administrativa.
5. PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS QUE DEBEN TENERSE EN CUENTA AL PROGRAMAR
El artículo 6 del Real Decreto 157/2022 y el Decreto 61/2022 de la Comunidad de Madrid enumeran los principios pedagógicos de la etapa. Pueden sintetizarse en ocho líneas profesionales que deben presidir simultáneamente toda programación competencial. No son alternativas entre las que elegir, sino dimensiones que han de atravesar a la vez cualquier planificación rigurosa.
El primero es el enfoque competencial. Programar no es distribuir contenidos, sino organizar oportunidades para que el alumnado desarrolle competencias. Una competencia, según Philippe Perrenoud, es la capacidad de movilizar un conjunto de recursos cognitivos, afectivos y sociales para hacer frente con eficacia a una situación. Las competencias específicas del Real Decreto 157/2022 y del Decreto 61/2022 describen lo que el alumnado debe ser capaz de hacer; los saberes básicos son los recursos que necesita para hacerlo. La pregunta clave del programador no es ya «¿qué les voy a enseñar?», sino «¿qué van a ser capaces de hacer al terminar?».
El segundo es el aprendizaje significativo, formulado por David Ausubel: para que un nuevo aprendizaje deje huella y se incorpore de manera estable a la estructura cognitiva, debe poder conectarse con los conocimientos previos del alumno. Programar exige, por tanto, partir de evaluaciones diagnósticas y de actividades introductorias que activen lo que el alumnado ya sabe, y dosificar la novedad para que sea asimilable.
El tercero es el constructivismo, sostenido por Jean Piaget, Lev Vygotsky y, en la psicología educativa española, por César Coll: el alumno construye su conocimiento mediante la actividad mental y la interacción con el entorno, y no lo recibe pasivamente. La programación contempla, en consecuencia, momentos para la manipulación, el descubrimiento guiado, la formulación de hipótesis y la verbalización del pensamiento. La noción vygotskiana de Zona de Desarrollo Próximo orienta la dosificación del reto: ni tan fácil que aburra, ni tan difícil que bloquee.
El cuarto es la socialización del aprendizaje, derivada de las teorías socioculturales: el conocimiento se construye en interacción. De ahí la importancia del aprendizaje cooperativo, de los diálogos y debates, de las tertulias dialógicas y de las Comunidades de Aprendizaje impulsadas por Ramón Flecha, en la estela del enfoque dialógico de Paulo Freire. Programar significa prever agrupamientos y dinámicas que hagan del aula una comunidad que aprende junta.
El quinto es el enfoque globalizador, que entronca con la tradición de Ovide Decroly y con la obra de Antoni Zabala: el conocimiento del niño es inicialmente global y se diferencia de manera progresiva. La programación integra áreas en situaciones de aprendizaje significativas en lugar de fragmentar el saber en compartimentos estancos. El propio Real Decreto 157/2022 prevé la organización por ámbitos en los primeros cursos precisamente por esta razón.
El sexto es la atención a la diversidad como punto de partida, y no como remedio posterior, inspirado en el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) de David Rose y Anne Meyer: múltiples formas de representación de la información, múltiples formas de acción y expresión y múltiples formas de implicación motivacional. Diseñar desde el principio para todos, conforme al espíritu del Decreto 24/2018, reduce la necesidad de adaptaciones a posteriori y previene la exclusión. Este principio se desarrolla con detalle en el Tema 4.
El séptimo es la funcionalidad del aprendizaje, subrayada por Coll, Pozo y Perrenoud: el alumnado aprende mejor lo que percibe como útil para su vida. De ahí la importancia de las tareas con sentido, de los contextos auténticos y de los productos finales reales —carteles, pódcast, exposiciones, maquetas— frente a las actividades artificiales que solo sirven para rellenar el cuaderno. El fomento de la lectura, de la expresión oral y escrita, de la comunicación audiovisual y de la competencia digital como ejes transversales de todas las áreas se inscribe en esta lógica funcional.
El octavo es la evaluación formativa y orientadora, de carácter continuo, global e integrador. La programación incluye, desde su diseño, los criterios y los instrumentos para recoger información sobre el aprendizaje, devolver al alumnado un feedback descriptivo y ajustar la enseñanza. Los trabajos de Paul Black y Dylan Wiliam, de Carles Monereo o de Neus Sanmartí han documentado el impacto extraordinario de la evaluación formativa sobre el aprendizaje. Programar la enseñanza es, simultáneamente, programar la evaluación: qué se evalúa, cómo, cuándo y con qué instrumentos.
La presencia explícita de estos ocho principios en los documentos del centro es una de las señales más claras de profesionalidad pedagógica. Saber reconocerlos, nombrarlos con su autor de referencia y traducirlos en decisiones concretas de programación distingue al docente que comprende el currículo del que se limita a reproducirlo.
6. ESTRATEGIAS DE ELABORACIÓN: CICLO, CURSO Y AULA
La elaboración de la programación no es una tarea individual ni puntual: es un proceso colegiado, escalonado y permanentemente revisable que se desarrolla en distintos niveles organizativos.
La programación de ciclo corresponde al equipo de ciclo, integrado por el profesorado que imparte clase en ese ciclo (primero, segundo o tercero, es decir, 1.º-2.º, 3.º-4.º y 5.º-6.º). Su tarea principal es elaborar y revisar la Programación Didáctica de las áreas correspondientes, distribuyendo competencias específicas, criterios de evaluación, saberes básicos y situaciones de aprendizaje a lo largo de los dos cursos del ciclo. Las estrategias para una programación de ciclo eficaz incluyen: una evaluación inicial colegiada del alumnado; el análisis conjunto de las competencias específicas y de los criterios de evaluación; el diseño de situaciones de aprendizaje compartidas y adaptables a cada grupo; el acuerdo de criterios metodológicos comunes y de técnicas concretas —aprendizaje cooperativo, aprendizaje basado en proyectos, rutinas y destrezas de pensamiento—; la elaboración de instrumentos de evaluación compartidos; y la coevaluación entre docentes. La reunión periódica del equipo de ciclo es, en este nivel, la unidad básica de trabajo.
La programación de curso afina la programación de ciclo a la realidad de cada curso concreto. Distribuye las situaciones de aprendizaje en el calendario, identifica los hitos evaluadores y articula la coordinación entre áreas y entre los distintos docentes que intervienen en un mismo nivel. Concreta el reparto horario, el plan lector específico del curso y la organización de espacios y agrupamientos. Estas decisiones quedan recogidas, además, en la Programación General Anual (PGA), que abre cada curso académico y que integra todas las programaciones didácticas junto con los planes y proyectos del centro. Suele recaer en los docentes que comparten un mismo nivel, a través de reuniones de nivel semanales o quincenales.
La programación de aula es elaborada por cada docente para su grupo concreto. Es el nivel más flexible y ajustado, porque parte del conocimiento directo que el docente tiene de su alumnado: ajusta ritmos, propone agrupamientos específicos y reorienta la enseñanza según los resultados de la evaluación formativa. Las estrategias más útiles en este nivel son: la planificación semanal o quincenal mediante una rejilla que cruce áreas, tiempos y agrupamientos; la planificación de situaciones de aprendizaje completas, con producto final, actividades secuenciadas e instrumentos de evaluación; la revisión diaria mediante el cuaderno del docente; y el uso de organizadores visuales —rúbricas, dianas, líneas del tiempo, esquemas— compartidos con el alumnado para que comprenda qué se espera de él y cómo se le evaluará.
Una buena estrategia de elaboración combina, en los tres niveles, la planificación a largo plazo —la programación didáctica anual— con la flexibilidad a corto plazo —el ajuste semanal y diario en función de la respuesta del alumnado—. Programar no es escribir un guion cerrado e inamovible, sino disponer un mapa con un rumbo claro pero con rutas alternativas previstas. La rigidez excesiva y la improvisación permanente son los dos extremos que el buen programador evita.
Resulta especialmente fecunda, como estrategia transversal a los tres niveles, la programación interdisciplinar mediante proyectos o situaciones de aprendizaje integradas. El equipo de ciclo diseña situaciones que integran varias áreas en torno a un producto final auténtico: un noticiario sobre el patrimonio del barrio, una exposición sobre los ecosistemas de la sierra madrileña, un mercadillo solidario, un huerto escolar o una campaña de ahorro de agua. Esta organización del currículo por proyectos, en la línea de Fernando Hernández y Montserrat Ventura, ofrece aprendizajes más profundos y conecta de manera natural distintas competencias.
Otra estrategia decisiva es el diseño inverso o backward design propuesto por Grant Wiggins y Jay McTighe: comenzar por las competencias específicas y los criterios de evaluación, definir a continuación qué evidencias se aceptarán como pruebas de logro y, solo entonces, diseñar las actividades. Esta secuencia —competencias, evaluación, actividades— garantiza una coherencia interna que la planificación tradicional, que solía empezar por las actividades, no siempre lograba. A ella se suman técnicas profesionales como los organizadores de unidad —que reúnen objetivos, competencias, saberes, secuencia, evaluación, materiales y atención a la diversidad en un solo documento—, las plantillas de centro que homogenizan la estructura formal sin uniformar el contenido didáctico, y las rúbricas analíticas que vinculan cada criterio de evaluación con descriptores observables.
Por último, conviene insistir en la revisión y actualización periódica. Una programación didáctica no se redacta en septiembre y se archiva: se revisa al menos trimestralmente, en las reuniones del equipo de ciclo, y se reajusta cuando la realidad del aula lo aconseja. Esta dimensión iterativa es la que distingue una programación viva de una programación muerta, y la que convierte la planificación en una verdadera herramienta de mejora continua.
7. LA COORDINACIÓN DOCENTE
La coordinación docente es la condición de posibilidad de todo lo anterior. Sin estructuras eficaces de coordinación, las programaciones serán piezas inconexas y el alumnado percibirá la escuela como una colección de docentes desconectados que repiten, se contradicen o se ignoran. La LOMLOE refuerza el papel de los órganos de coordinación docente, que el Reglamento Orgánico de los centros de la Comunidad de Madrid concreta para la etapa de Educación Primaria.
El primer órgano es el claustro de profesorado, integrado por la totalidad del profesorado del centro y presidido por la dirección. Se reúne, como mínimo, una vez por trimestre y siempre que lo convoque la dirección o lo solicite un tercio de sus miembros. Aprueba y evalúa la concreción de los currículos y las programaciones didácticas; fija los criterios sobre orientación, tutoría, evaluación y recuperación del alumnado; y promueve iniciativas en el ámbito de la experimentación y la investigación pedagógica. Sin la implicación del claustro, las programaciones carecen de respaldo colectivo.
El segundo es la Comisión de Coordinación Pedagógica (CCP), integrada por el director, el jefe de estudios, los coordinadores de ciclo o de equipo, el orientador y, según los centros, otras figuras relevantes como el coordinador de bienestar y protección o el responsable del proyecto de centro. Es el órgano nuclear de la coordinación pedagógica: revisa la Propuesta Curricular, supervisa la elaboración y la coherencia de las programaciones didácticas, articula los planes específicos del centro y garantiza la continuidad entre ciclos. La CCP se reúne periódicamente, normalmente con cadencia mensual, y es el espacio donde se asegura la coherencia vertical del proyecto curricular del centro.
El tercer espacio son los equipos de ciclo, lugar operativo de la programación didáctica y corazón de la coordinación docente cotidiana. Su reunión semanal o quincenal es uno de los tiempos profesionales mejor invertidos del horario, porque es allí donde se planifica, se evalúa y se ajusta de manera continua la enseñanza. Sin equipos de ciclo activos no hay programación competencial coherente posible.
Los equipos docentes de grupo —el conjunto del profesorado que imparte clase a un mismo grupo, coordinado por el tutor— se reúnen al menos trimestralmente para el seguimiento global del alumnado, la articulación de la respuesta a la diversidad, la coordinación de la acción tutorial y la celebración de las sesiones de evaluación. Es el escenario donde la mirada sobre cada alumno se hace compartida y donde se toman decisiones colegiadas sobre su progreso.
Junto a estos órganos, intervienen figuras clave para la coordinación. El orientador u orientadora, perteneciente al Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica (EOEP) de zona, asesora al centro en la atención a la diversidad y en la prevención de dificultades. Los maestros especialistas en Pedagogía Terapéutica (PT) y en Audición y Lenguaje (AL) colaboran en la respuesta inclusiva. El tutor o tutora es el eje de la relación con las familias y de la coordinación del equipo docente del grupo. A ellos se suman, según la organización de cada centro, el coordinador de bienestar y protección —cuya figura introduce la LOPIVI, Ley Orgánica 8/2021, en su artículo 35—, el responsable del Plan Digital de Centro y los coordinadores de los distintos programas en los que participe el centro.
La eficacia de la coordinación depende de tres condiciones bien identificadas. La primera es el tiempo institucional, previsto y protegido en el horario, porque la coordinación que no tiene tiempo asignado no ocurre. La segunda es la claridad de funciones entre los distintos órganos, que evita solapamientos y vacíos de responsabilidad. La tercera es la cultura colaborativa, sostenida en la confianza profesional, que transforma la coordinación de obligación formal en práctica compartida. Bien entendida, la coordinación no consume tiempo: lo ahorra, al evitar duplicaciones, contradicciones y pérdidas de información sobre el alumnado. Conviene señalar, por último, una dimensión emergente: la coordinación con otros centros y con el entorno. Las comisiones de coordinación con los institutos de adscripción facilitan el tránsito a la Educación Secundaria; las redes intercentros y las Comunidades de Aprendizaje enriquecen el proyecto más allá de los muros de la propia escuela.
8. LA PROGRAMACIÓN POR SITUACIONES DE APRENDIZAJE (DECRETO 61/2022)
Uno de los cambios más profundos introducidos por la LOMLOE y por su desarrollo en la Comunidad de Madrid es la centralidad de las situaciones de aprendizaje como unidad básica de la programación. Comprender este cambio es lo que distingue una preparación actualizada de otra anclada en modelos anteriores; por eso constituye el punto diferenciador del tema y merece un tratamiento detenido.
El Decreto 61/2022 define la situación de aprendizaje como una propuesta pedagógica contextualizada que implica el despliegue, por parte del alumnado, de actuaciones asociadas a competencias específicas y a competencias clave, articuladas en torno a un reto o problema significativo, y que contribuyen a la adquisición y al desarrollo de dichas competencias. Esta definición esconde un giro pedagógico de gran calado: el sujeto de la programación deja de ser el contenido y pasa a ser el alumno actuando en un contexto con sentido.
¿Qué distingue una situación de aprendizaje de la tradicional unidad didáctica? La unidad didáctica giraba en torno a un contenido —los romanos, las fracciones, los ecosistemas— y secuenciaba actividades para enseñarlo. La situación de aprendizaje parte de un contexto auténtico en el que el alumnado debe resolver un problema, realizar una tarea o elaborar un producto poniendo en juego saberes de una o varias áreas. La diferencia es de paradigma: antes el contenido era el centro; ahora lo es la actuación competencial del alumno. No se trata de un mero cambio de nombre, sino de una reorientación de toda la lógica de la planificación.
Las situaciones de aprendizaje presentan una serie de rasgos definitorios. Primero, un contexto auténtico: el barrio, el centro, una problemática social cercana, un encargo real. Segundo, un reto cognitivo que moviliza varios saberes y que despierta la implicación del alumnado. Tercero, la integración competencial de una o de varias áreas, superando la fragmentación. Cuarto, un producto final —oral, escrito, plástico, digital o vivencial— que pueda presentarse o utilizarse. Quinto, una evaluación continua y formativa, con recogida de evidencias a lo largo de todo el proceso y no solo al final. Y sexto, la atención a la diversidad mediante el diseño DUA, que anticipa las posibles barreras y prevé distintos itinerarios, roles y niveles de logro.
Sus elementos constitutivos, tal como suelen formalizarse en los documentos de centro, son: el título y la descripción; la justificación y el vínculo con el contexto; las competencias específicas y los criterios de evaluación implicados, conectados con las competencias clave del perfil de salida; los saberes básicos movilizados; la secuencia de actividades, organizada en momentos de apertura, desarrollo y cierre; los recursos y el producto final; las estrategias e instrumentos de evaluación —rúbricas, dianas, listas de cotejo, portfolios—; y las medidas de atención a la diversidad. Este esquema, lejos de ser un formulario burocrático, es una guía que asegura la coherencia entre lo que se pretende, lo que se hace y lo que se evalúa.
Un ejemplo concreto ilustra mejor que cualquier definición la diferencia entre ambos modelos. Tomemos el contenido «la alimentación saludable». Una unidad didáctica clásica explicaría la pirámide nutricional, propondría ejercicios de identificación de alimentos y terminaría con un examen. Una situación de aprendizaje, en cambio, plantearía un reto auténtico: el ayuntamiento quiere renovar el menú del comedor escolar y pide la opinión del alumnado. El equipo de tercero, organizado en cuatro grupos cooperativos, investiga sobre alimentación equilibrada, analiza el menú actual, encuesta a sus compañeros, redacta una propuesta de mejora y la expone ante la asociación de familias y ante la concejalía. El producto es real y útil, evaluable mediante rúbrica, y moviliza de manera simultánea la competencia STEM, la comunicación lingüística, la competencia digital, la personal y social, la ciudadana y la emprendedora. Otro ejemplo, sobre el agua en el tercer ciclo, articularía saberes del área de Conocimiento del Medio (el ciclo del agua, los ecosistemas, la sostenibilidad), de Lengua Castellana (carteles y campaña de concienciación), de Matemáticas (consumo doméstico y gráficos), de Educación Artística (cartelería y audiovisual) y de Educación en Valores Cívicos y Éticos (compromiso ciudadano), con una campaña real para el barrio como producto final.
Conviene precisar, para evitar malentendidos frecuentes, que programar por situaciones de aprendizaje no consiste en eliminar la enseñanza sistemática. Las habilidades instrumentales —la lectura, la escritura, el cálculo— siguen requiriendo tiempos específicos de instrucción explícita y de práctica guiada. La situación de aprendizaje es el marco que da sentido a esos aprendizajes instrumentales y que los moviliza en contextos auténticos, no un sustituto de la enseñanza directa de las destrezas básicas. El buen programador combina ambas dimensiones.
La programación por situaciones de aprendizaje exige, en consecuencia, competencias profesionales específicas: saber diseñar contextos auténticos, integrar áreas de manera coherente, acompañar procesos abiertos en lugar de transmitir contenidos cerrados, y evaluar competencialmente mediante rúbricas, dianas, portfolios o productos. Conecta, además, con tradiciones pedagógicas sólidas como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), el Aprendizaje-Servicio (ApS), el aprendizaje por retos o el ya citado diseño retrospectivo. Comprender este giro y saber explicarlo al tribunal con uno o dos ejemplos concretos y bien contados es, probablemente, el activo profesional más valioso que un opositor de Educación Primaria puede mostrar hoy.
9. APLICACIÓN DIDÁCTICA EN EL AULA
Todo lo anterior cobra sentido cuando desciende al aula. Imaginemos un grupo de cuarto curso de un centro de la Comunidad de Madrid y veamos cómo se encadenan los niveles de concreción en una decisión cotidiana. El Decreto 61/2022 fija, para el área de Conocimiento del Medio Natural, Social y Cultural, una competencia específica relativa a la indagación sobre el entorno y unos criterios de evaluación asociados. La Propuesta Curricular del centro ha priorizado, dentro de su PEC, el trabajo por proyectos y el compromiso con el entorno próximo. La Programación Didáctica del segundo ciclo ha distribuido esos saberes y ha previsto, para el segundo trimestre, una situación de aprendizaje sobre los espacios verdes del municipio. Y la programación de aula del docente concreta, semana a semana, las sesiones, los agrupamientos cooperativos, los instrumentos de evaluación y los ajustes para el alumnado con necesidades específicas. La sesión del martes a las diez y media —observar y clasificar las especies del parque cercano— es el último eslabón de esa cadena que arranca en la LOMLOE.
Esta aplicación didáctica permite mostrar, además, cómo la programación da respuesta a las distintas necesidades del alumnado. En ese mismo grupo de cuarto conviven alumnos con altas capacidades, alumnado con dificultades de aprendizaje y algún alumno recién incorporado al sistema educativo con desconocimiento del idioma. El diseño DUA de la situación de aprendizaje prevé, desde el principio, materiales en distintos formatos —textos, imágenes, vídeos—, distintas formas de expresar lo aprendido —un mural, una grabación, una ficha—, y distintos niveles de reto dentro de una misma tarea. Las medidas ordinarias del Decreto 24/2018 —agrupamientos heterogéneos, tutoría entre iguales, refuerzo dentro del aula— se complementan, cuando es preciso, con el apoyo del maestro de Pedagogía Terapéutica. Así, la atención a la diversidad no es un añadido posterior, sino una dimensión que la programación incorpora desde su concepción.
Por último, la aplicación didáctica evidencia la importancia de la evaluación formativa como motor de ajuste. El docente recoge evidencias a lo largo de la situación de aprendizaje mediante una rúbrica compartida con el alumnado, una diana de autoevaluación y la observación sistemática del trabajo cooperativo. Esa información no espera al final: permite reorientar la enseñanza sobre la marcha, reforzar lo que no se ha consolidado y devolver a cada alumno un feedback descriptivo que le ayuda a mejorar. En esa interacción permanente entre lo planificado y lo observado se juega la calidad real de la programación.
10. CONCLUSIÓN
Concretar el currículo y programar la docencia para responder a las distintas necesidades del alumnado no son tareas técnicas aisladas: son la columna vertebral del oficio docente y, junto con la evaluación, la operación profesional por excelencia del maestro. Desde la LOMLOE y el Real Decreto 157/2022 hasta la sesión del próximo lunes a las nueve y media, una larga cadena de decisiones —los niveles de concreción curricular— articula el sistema educativo y le confiere coherencia, transformando el texto del Estado en aprendizaje real para un alumnado concreto.
La Educación Primaria que dibujan la LOMLOE, el Real Decreto 157/2022 y el Decreto 61/2022 de la Comunidad de Madrid requiere un verdadero cambio de paradigma. La programación competencial, con las situaciones de aprendizaje como unidad básica, exige al docente competencias más complejas que la simple secuenciación de contenidos: diseñar contextos auténticos, integrar áreas, evaluar formativamente, atender desde el inicio a la diversidad mediante el Diseño Universal para el Aprendizaje y articular su trabajo con el conjunto de planes del centro recogidos en el PEC.
Esta exigencia no puede afrontarse en solitario. La coordinación docente —claustro, Comisión de Coordinación Pedagógica, equipos de ciclo y equipos docentes de grupo, junto con la orientación y los especialistas de PT y AL— es la condición de posibilidad de una programación coherente. Donde la coordinación funciona, el centro entero aprende y el alumnado percibe una propuesta educativa unitaria; donde no funciona, cada aula trabaja en su propia órbita y se pierde la coherencia que da sentido al proyecto.
El éxito de la concreción curricular depende, en suma, de tres condiciones. Primera, un PEC vivo que oriente y dé sentido a cada decisión didáctica. Segunda, una coordinación docente real, dotada de tiempo, de funciones claras y de cultura colaborativa. Y tercera, una cultura profesional que conciba la programación como herramienta de mejora continua y no como mero trámite administrativo. Programar es, en definitiva, anticipar sin encorsetar, prescribir sin fosilizar, planificar sin renunciar a la flexibilidad que la realidad del aula exige. Quien comprenda esta paradoja y la asuma como parte estructural de su tarea estará en condiciones, no solo de superar la oposición, sino de ejercer durante décadas un oficio que combina el rigor técnico con la sensibilidad humana.
11. BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS LEGISLATIVAS
Normativa y legislación
- Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE). BOE núm. 340, de 30 de diciembre de 2020.
- Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE). BOE núm. 106, de 4 de mayo de 2006.
- Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (LOPIVI). BOE núm. 134, de 5 de junio de 2021.
- Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, por el que se establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Primaria. BOE núm. 52, de 2 de marzo de 2022.
- Decreto 61/2022, de 13 de julio, del Consejo de Gobierno, por el que se establece para la Comunidad de Madrid la ordenación y el currículo de la etapa de Educación Primaria. BOCM núm. 173, de 22 de julio de 2022.
- Resolución de 27 de julio de 2022, de la Dirección General de Educación Infantil, Primaria y Especial, por la que se dictan instrucciones para la aplicación del Decreto 61/2022, de la Comunidad de Madrid.
- Decreto 24/2018, de 24 de abril, del Consejo de Gobierno, por el que se regula la atención a la diversidad y la inclusión educativa en la Comunidad de Madrid.
- Orden 1493/2015, de 22 de mayo, por la que se regula la evaluación y la promoción del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo en la Comunidad de Madrid.
- Decreto 32/2019, de 9 de abril, del Consejo de Gobierno, por el que se establece el marco regulador de la convivencia en los centros docentes de la Comunidad de Madrid. BOCM núm. 89, de 15 de abril de 2019.
- Recomendación del Consejo de la Unión Europea, de 22 de mayo de 2018, relativa a las competencias clave para el aprendizaje permanente. DOUE C 189/01.
Referencias bibliográficas
- Antúnez, S. (1987). El Proyecto Educativo de Centro. Graó.
- Ausubel, D. P. (1976). Psicología educativa. Un punto de vista cognoscitivo. Trillas.
- Coll, C. (1987). Psicología y currículum. Laia.
- Hernández, F. y Ventura, M. (2008). La organización del currículo por proyectos de trabajo. Graó.
- Imbernón, F. (1994). La formación y el desarrollo profesional del profesorado. Graó.
- Pérez Gómez, Á. I. (2012). Educarse en la era digital. Morata.
- Perrenoud, P. (2004). Diez nuevas competencias para enseñar. Graó.
- Rose, D. y Meyer, A. (2002). Teaching every student in the digital age: Universal Design for Learning. ASCD.
- Sanmartí, N. (2007). 10 ideas clave. Evaluar para aprender. Graó.
- Tomlinson, C. A. (2005). Estrategias para trabajar con la diversidad en el aula. Paidós.
- Wiggins, G. y McTighe, J. (2005). Understanding by Design. ASCD.
- Zabala, A. y Arnau, L. (2007). 11 ideas clave. Cómo aprender y enseñar competencias. Graó.
ORIENTACIONES PARA EL ESTUDIO
- Memoriza primero el armazón legal con su número y su fecha: LOE 2/2006, LOMLOE 3/2020, Real Decreto 157/2022 de 1 de marzo y Decreto 61/2022 de 13 de julio de la Comunidad de Madrid. El tribunal valora más la precisión normativa que la cantidad de autores citados: si dudas en una fecha, es preferible no decirla.
- Los niveles de concreción curricular son el esqueleto del tema. Tenlos memorizados con la pregunta que cada uno responde: «¿qué garantiza el Estado?», «¿qué identidad asume el centro y cómo organiza la etapa?», «¿qué hago en mi aula?» y «¿qué necesita este alumno concreto?». Esa narrativa fluida es lo que convence al tribunal.
- Aprende los ocho principios pedagógicos como un mantra: competencial, significativo, constructivo, social, globalizador, atento a la diversidad, funcional y evaluador-formativo. Cada uno con su autor de referencia. Saber decir «esto es Ausubel» o «esto es Coll» en el momento justo es marca de profesionalidad.
- Domina la diferencia entre unidad didáctica y situación de aprendizaje: es la pregunta que con más probabilidad te planteará el tribunal sobre este tema. Prepara un ejemplo concreto y bien contado —como el del menú del comedor escolar— y úsalo si dispones de margen.
- Estudia los órganos de coordinación docente con sus funciones: claustro, Comisión de Coordinación Pedagógica, equipos de ciclo, equipos docentes de grupo y figuras específicas como el orientador del EOEP o el coordinador de bienestar y protección (LOPIVI, art. 35), de plena actualidad y conexión con el Tema 3.
- Cuida el punto diferenciador (apartado 8): vincula la situación de aprendizaje con el Decreto 61/2022 y prepara la lista de sus seis rasgos —contexto auténtico, reto cognitivo, integración competencial, producto final, evaluación continua y atención a la diversidad—.
- Ensaya la defensa oral del tema midiendo el tiempo. Si vas justo, sacrifica primero los detalles de los principios pedagógicos (apartado 5) y mantén intacto el armazón legal, los niveles de concreción, la coordinación docente y, sobre todo, el diferenciador sobre las situaciones de aprendizaje.